SANTA MARIA ES "LA SEÑORA BONITA" POR SU ALEGRIA, CONFIANZA Y TOTAL ENTREGA AL SEÑOR (Audios mp3 en voz del Padre Moisés Lárraga).


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Virgen Milagrosa aplastando la cabreza de la serpiente (bannerppal)

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, Oh Virgen gloriosa y bendita.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de Nuestro Señor Jesucristo.Amén.


Virgen de la Revelacion (Divider1)

MARIA Y LA EUCARISTIA:


Jesús está en todo su cuerpo, su alma y su divinidad, en el Santísimo sacramento de la Eucaristía. El quiso quedarse entre nosotros para que nosotros tuviéramos Vida, y Vida en abundancia:”Yo Soy el Pan Vivo bajado del Cielo; el que come mi cuerpo y bebe mi Sangre tiene Vida Eterna”.

La Eucaristía es el alimento que NO perece. Cuando nosotros recibimos diariamente el Cuerpo de Cristo estamos configurándonos con Cristo, y cuando recibimos el Cuerpo y la Sangre de Jesús ¡es Dios mismo quien está en nuestro corazón! Es el mismo Espíritu quien se hace presente a través de esa unión grandiosa que tiene la Santísima Trinidad.

Cuando recibimos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, de alguna manera estamos recibiendo algo de la Santísima Virgen, pues hay que recordar que ella fue quien le dio el cuerpo y la sangre a Jesús, y que Jesús fue engendrado en las entrañas purísimas de la Santísima Virgen, por obra y Gracia del Espíritu Santo.

No estoy diciendo –que quede claro- que en la Sagrada Comunión recibimos también a la Virgen María ¡No, de ninguna forma!, sino que de alguna manera recibimos algo. La carne de Jesús se gestó en el vientre de la Virgen María.

San José es solo el padre adoptivo de Jesús, con todo el mérito y gracia que su paternidad requiere: castidad y santidad, pero no es él quien engendró a Jesús sino el Espíritu Santo.

Así pues, la Virgen María tiene una estrecha e íntima relación con la Eucaristía, y ella en muchas de sus apariciones nos pide que recibamos el Cuerpo de Cristo diariamente.

Pero ¿qué hemos hecho de la Eucaristía? Para muchos sólo es el relleno de sus fiestas. La Misa dominical se ha convertido en una rutina, una obligación. Llegamos a ella mal vestidos: con vestidos escotados y deshonestos, y entallados…

¿Qué hemos hecho de la Eucaristía? En las ceremonias familiares como bodas, 15 años, bautismos o Primeras Comuniones preparamos todo, las flores, el pastel, la música, padrinos de todos colores y tamaños –sí- preparamos todo menos la Eucaristía.

Los novios llegan sin confesarse, con aliento alcohólico, las novias con escotes pronunciados y sin mangas. Se la pasan todo el tiempo de la ceremonia posando; se suben al Altar fotógrafos irrespetuosos; están platicando, esperando la bendición final para irse al banquete, a la francachela…

¿Qué hemos hecho de la Eucaristía? El Señor como un relleno de un día de fiesta en nuestras ceremonias. Los funerales que les llamamos “Misas fe cuerpo presente”, es mas bien Misa de muerto ausente ¡jamás en la vida se vio al difunto en el Templo!.....

Los Sacerdotes ¿Qué hemos hecho de la Eucaristía? Muchos –no todos- Misa rutinaria, fría y sin motivación. No vemos lo que al pueblo le gusta, requiere y necesita. A algunos malos Pastores les hace falta leer el Salmo 22; sermones aburridos y dormilones, sermones que nadie les entiende; celebramos sin estola, sin ornamentos y a la carrera, y sin ninguna espiritualidad ¡prédicas que ni el mismo diablo entiende!

¿Qué hemos hecho de la Eucaristía? Uno de los regalos más grandes de Jesús ¡¡ ¡DESPRECIADO EN EL SAGRARIO!!! Días, meses, años esperándome en el silencio de un Templo, sin más compañía que una sucia y vieja lamparita roja. Comuniones sacrílegas en pecado mortal, manchados de alma y cuerpo, comuniones en las ceremonias por conveniencia porque “que dirán si no comulgo”. Otros indiferentes sin recibir el Cuerpo del Señor como diciendo “no me importas Jesús, no te necesito, no te recibo, así está bien”; guardamos distancia.

¿Qué hemos hecho de uno de los Tesoros más valiosos de la Iglesia Católica? La Eucaristía, que es el centro y vida de la Iglesia se ha convertido en liturgias muertas para muchos católicos.

Se va a la Eucaristía, a la Santa Misa sin ninguna preparación; se llega a la Misa dominical tarde, se platica, se mastica chicle; incluso algunas parejas se paran en la pared de atrás en los Templos y se están besando.

Cuando llega la hora de la Comunión más de la mitad de los asistentes a la Santa Misa ¡no pasan a comulgar!, y ¡cuántos de los que pasan a comulgar van sin haberse confesado!, o llegan después de comulgar cantando, gritando o platicando.

¿Qué hemos hecho de la Eucaristía? Los brujos la buscan para sus actos sacrílegos, la buscan ¡la reconocen como un Poder!, aunque para lo que la requieren es un insulto a Dios, es un Sacrilegio. Los satánicos la hurtan para cometer actos abominables con ella ¡muchos católicos no la valoramos! La Santísima Virgen en sus apariciones más importantes y aprobadas por la Iglesia, nos pide que comulguemos diariamente, que Oremos, que hagamos penitencia.

Ella nos habla de la gran necesidad de conversión; de los peligros que amenazan a la humanidad; los tiempos difíciles que enfrenta el hombre, y que recibiendo a nuestro Señor diariamente el hombre se santifica.

Es necesario hermanos caminar hacia la Santidad por los caminos seguros que la Sagrada Eucaristía nos propone. La Eucaristía tuvo su origen en el corazón de los Evangelios: “Tomad y comed todos de él”, “haced esto en memoria mía”. La Iglesia Católica durante 2000 años se ha sostenido, se ha alimentado y ha caminado en torno a la Eucaristía.

Sin ella ¿qué sería de nuestra vida litúrgica? La Eucaristía no es tan solo un memorial, es el Sacrificio del Calvario que vuelve a tomar vida en cada Eucaristía. Es Cristo quien se inmola por nosotros los pecadores al Padre Celestial.

Ahí también en cada Eucaristía está nuestra Señora nuevamente, en cada Eucaristía vuelve a convertirse el vino en la Sangre Cristo. El Sacerdote deja de ser el hombre que subió al altar para convertirse en otro Cristo; se vuelve a realizar el Milagro, y los fieles ante el espectáculo del Gólgota deben doblar sus rodillas, deben inclinar su cabeza, deben de ir a este acto incruento y salvífico decentemente vestidos; poner toda su atención en la maravillosa Palabra de Dios. Dios Padre que habla en las primeras lecturas, y Jesús el Señor –el Kyrios- que nos habla en el Evangelio.

¿Qué hemos hecho de la Eucaristía? ¿Cómo la valoramos? ¿Cómo la vivimos? ¿Cómo respetamos y amamos a los Sacerdotes? ¿Cómo nos comportamos los fieles? ¿Cómo nos comportamos los Sacerdotes, los «Alter Christus», los otros Cristos de la tierra?

Las lágrimas de la Virgen María son amargas ¡lágrimas de dolor y angustia!, lágrimas por su Hijo aún ahora injustamente tratado; lágrimas de angustia por los hombres y mujeres que retamos la Ira de Dios; lágrimas amargas por nosotros los Sacerdotes que cada día parece ser que el mundo, el Demonio y la carne nos van seduciendo y atrayendo con más fuerza, disfrazado de Luz, convertido en lobo rapaz que viene a atacar las ovejas del rebaño de Jesús.

Frivolidad y hedonismo, materialismo, desorden sexual, impurezas; consumismo, abuso de autoridad. Filosofías falsas, prepotencia, envidia y celos; celos espirituales y crítica, calumnia, muerte, vicios y destrucción es el ropaje que utiliza Satanás para engañarnos.

María -la llena de Gracia- la Virgen del Cielo, la Madre de Jesús y de los hombres está estrechamente unida a la Eucaristía. Sólo con Jesús podemos salvarnos “sin mí nada podéis hacer”.

Sólo con María podremos amar a la Eucaristía. Pidamos a nuestra Señora, a la Señora Bonita, que nos acompañe, nos guíe y nos enseñe a amar a Jesús en la Hostia Consagrada, a amar la Sagrada Eucaristía: el Cuerpo y la Sangre de Cristo, pues sólo por Jesús iremos al Padre y sólo por El llegará la salvación a nuestras vidas.


Madre de Dios (Divider2)

MARIA Y LA RECONCILIACION:


Hay una estrecha y profunda relación entre la Santísima Virgen María y el Sacramento de la Reconciliación.

Ella dio su «Sí» definitivo al Ángel Gabriel cuando fue elegida por el Padre Eterno para ser la Madre de nuestro Señor Jesucristo. Cuando el hombre cayó en el pecado primario que realizaron nuestros primeros padres, el pecado de desobediencia, la soberbia al querer ser igual a Dios, nos separó de El. Nos separó de nuestro Padre. En su Infinito amor El quiso rescatarnos y así dice la Palabra de Dios “tanto amó Dios al mundo que le dio a su propio Hijo”, para que este Hijo suyo viniera a rescatarnos del pecado y de la muerte, El -Jesucristo- para salvarnos tuvo que dejar su condición de Dios.

En la Carta a los Filipenses dice: “Cristo a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se anonadó a sí mismo haciéndose uno de nosotros, por eso al Nombre de Jesús toda rodilla se dobla en los Cielos, en la Tierra y en los abismos, y toda lengua proclama que Jesús es el Señor”.

Así que para nuestro Señor Jesucristo, para que El se hiciera hombre era necesario que naciera de una mujer, nacido bajo la Ley, nacido de una mujer. Pero nacido de una mujer que tiene que ser eminentemente Pura, la llena de Gracia, la Inmaculada, la Sin Mancha, porque lo que de ella iba a nacer es Santo: “José, no dudes en tomar a María tu esposa, pues lo que de ella va a nacer es Santo”.

Por eso María es parte importantísima en la reconciliación del hombre para con Dios, pues el cuerpo y la sangre de Jesús que serán inmolados en la Cruz para la Reconciliación, son también el cuerpo y la sangre de la Virgen Santísima, y sino que aunque aclaramos que Jesús no es María ni María es Jesús, sino solo quiero remarcar la gran importancia de la Santísima Virgen María en nuestra reconciliación con el Padre.

El confesionario es el lugar donde el hombre se reconcilia hoy en día con Dios a través del Sacramento de la Reconciliación. El Sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación es otro Cristo, Cristo está ahí sentado, ahí en un confesionario.

Esa salvación, esa reconciliación que tuvo su origen allá en un humilde pueblito de Nazaret, en una humilde y sencilla muchachita, en una virgen llena del Espíritu Santo que dijo «Sí» al Padre, y que hoy cuando cada Sacerdote levanta su mano para decirle a un pecador arrepentido “Dios Padre que reconcilió al mundo por la muerte de su Hijo Jesucristo y que envió el Espíritu Santo para el perdón de los pecados, te conceda por el Ministerio de la Iglesia el perdón y la paz, yo te perdono tus pecados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, vuelven a resonar las bellas palabras de la Santísima Virgen María “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Es así tan importante en la Historia de la Salvación, esa salvación de la humanidad dependiendo de la respuesta de esta bella mujer, de esta humilde aldeana, sencilla y pobre muchachita, de Ella –la Señora Bonita- que supo comprender el amor misericordioso del Padre para con nosotros, ese amor sin reserva de un Padre que siempre nos está esperando con una paciencia grandiosa y un amor silencioso, sin reproches, sin gritos, sin resentimientos; ese Padre amoroso que cuando el hijo llega sale a su encuentro a recibirlo; mata el novillo gordo y le viste ricamente, le pone el anillo y hace la fiesta.

Ese Padre Bueno que se arriesga en busca de la oveja perdida; ese Buen Pastor que cuando cuenta su rebaño de 100 ovejas le falta una, deja las 99 y va en busca de la perdida hasta encontrarla, la rescata y la vuelve al redil, ese Padre Bueno también a ti te está esperando.


Medalla Milagrosa (Divider3)

IMPRESIONANTE TESTIMONIO DE CONVERSION:


En el mes de julio del 2001 yo tenía un Encuentro de Evangelización y Sanidad en Villa Hermosa, Tabasco. A esa ciudad la quiero mucho porque su gente es fabulosa, muy alegre y bullanguera. Tiene un Obispo muy pastoral y paternal. Viajé el viernes en avión desde Tampico, Tamaulipas, ya que el sábado y el domingo se realizaría el Encuentro.

Llegué al aeropuerto, mi salida era a la 1:30, documenté mi equipaje y me fui a tomar un café mientras salía mi avión. De súbito comenzó la inquietud, patrullas, policías federales, gentes de seguridad y más personas que se movilizaban. Había caído una avioneta cargada de droga en plena pista de aterrizaje, por lo que anunciaron la cancelación de los vuelos y empezaron los gritos de inconformidad, pero de nada valían, no hubo vuelos en toda la tarde.

Estuvimos ahí con la esperanza de salir; nos prometieron llevarnos a la Ciudad de México a las 6 de la tarde, esperamos y puras promesas de consolación. Así estuvimos hasta las 2 de la mañana; a esa hora me dijeron que me podrían mandar hasta el domingo para la Ciudad de México y de ahí para Tabasco; para mí ya no servía pues el Encuentro sería a la 1 de la tarde de ese día. Salí molesto a esa hora de la madrugada, quería regresarme como fuera a mi Parroquia; iba cansado, fastidiado y exhausto.

Le pregunté a un taxista de los del aeropuerto “¿por cuánto me llevas a Tambaca?”, y me dijo que por $1’800 y me pareció muy caro. Le dije “llévame a la Central” –le dije- y ahí conseguí otro taxi que me cobraba $600. El taxista era un hombre como de 1.80 mt de estatura, fornido, fuerte. Subí al taxi y comencé a atravesar la Ciudad de Tampico; íbamos platicando trivialidades.

No supe cómo perdí la noción de lo que estaba sucediendo, y cuando reaccioné veníamos ya como a una hora de la Ciudad de Tampico, reaccioné y vi que el hombre venía llorando.

Yo le pregunté “¿Porqué lloras; porqué esos sollozos tan desesperados?”, el contestó “por lo que usted me acaba de decir” y yo extrañado pregunté “¿Qué fue lo que te dije?”, él contestó “me dijo usted: tu te llamas Fernando y tiene una hija que se llama –en el nombre del Papa Karol- ¿porqué te quieres suicidar?

¿Por qué ya hace tanto tiempo que no te confiesas ni vas a la Misa? ¿Qué no has podido comprender cuánto te he amado? Te he buscado ¿y tu porque has caminado por caminos obscuros?”.

Contó el hombre que le narré muchas cosas de su vida que él realmente las había hecho. Después de mucho rato el hombre impactado, tímidamente y con miedo –cuenta él que me preguntó- “y usted ¿Cómo sabe todo eso? ¿Usted quien es?”, yo le contesté mirándolo a los ojos y le dije “Yo Soy Jesús” –eso dice él- yo no recuerdo nada.

Fue precisamente en ese momento en que yo tomé conciencia de lo que estaba sucediendo, en el que yo reaccioné y le pregunté “¿Porqué lloras?”, y él me contó todo lo sucedido. El hombre lloraba y caminamos en silencio mucho rato; la noche era oscura, había tráfico en la carretera.

El había pensado en asesinar al primer pasajero que subiera a su auto, y ese pasajero era yo. El cielo estaba tachonado de estrellas; se salió de la carretera y entró por un camino de terracería, yo pensé que ese hombre ya me iba a matar. Una débil luna se veía a lo lejos.

Sin hablar ni consultar el taxista se salió, caminó por la carretera, entró a un camino más viejo de terracería y yo seguía pensando “va a realizar su plan, creo que va a matarme”. No sentí miedo, una gran paz me invadía, sentía la Presencia de Dios de una manera increíble.

De repente se detuvo el taxi y me dijo el taxista “bájese”, me abrió la puerta, me bajé y el hombre cayó de rodillas al suelo, abrazó mis piernas y me pidió “Confiéseme”, y ahí en el silencio de la noche tomaba vida la Parábola del hijo pródigo; ahí entre las montañas oscuras en un potrero solitario, una noche en la penumbra, se encontró el Padre con el hijo perdido, con la oveja herida y lastimada por la vida y el pecado.

Cuando levanté mi mano e hice la Señal de la Cruz para dar la tan ansiada absolución en la oscuridad del firmamento, cruzó una estrella iluminándonos y llenando de luz aquel campo. Lo levanté y le di un abrazo; en silencio regresamos al carro.

Por mis mejillas corrían en silencio dos gruesas lágrimas y comencé a pensar “Señor ¿por este hombre hiciste que perdiera el vuelo y dejara a más de 20’000 gentes sentadas en la Plaza de Toros de Villahermosa?”, y sentí que el Señor contestó en mi corazón: “de los que estaban en Villahermosa ninguno iba a entrar al Infierno hoy, y era necesario rescatar a esta oveja perdida”.

En silencio caminamos hacia mi casa, y yo empecé a cantar este canto: “Eran 100 ovejas que había en el rebaño, eran cien ovejas que amante cuidó, pero una tarde al contarlas todas, le faltaba una, le faltaba una, y triste lloró”.


Virgen del Rosario (Divider4)

EL SANTO ROSARIO Y SUS GRANDES ENEMIGOS:


Cuando una Oración se realiza mediante ruegos y alabanzas breves que se repiten por varios periodos, no siempre es aceptada en todo lo que vale. De un tiempo acá, estudiosos con pensamientos racionalistas, e incluso algunos Teólogos católicos y otros de distintas denominaciones –han puesto en duda- coincidiendo con el pensamiento protestante, el valor espiritual de la práctica del Santo Rosario, argumentando que son “vanas repeticiones” mencionadas en el Evangelio para condenarlas; toman el Evangelio paro poder apabullar el Santo Rosario: “cuando oréis, no habléis mucho como los paganos pues juzgan que por su palabrería serán escuchados (Mateo 6,7)”.

Consideran esta manera de Orar destinada para gente simple, pudiendo ser un eufemismo de gente imbécil, dejando entrever que los cristianos cultos, los maduros, tienen que prescindir de esos recursos de Oración; o sea que deben de dejar de practicar el Rosario.

Algo que estos “pensadores” no destilan es que cualquier Oración recitada de manera mecánica, sin ponerle la debida atención espiritual, sin esa fe viva que nos transmite el amor de Dios, cualquier canto –incluso el Oficio Divino- o el efectuar de la Liturgia de las Horas, pueden caer en el calificativo de “vana repetición”.

Manteniendo esa atención espiritual; concentrándose nuestra fe en Dios, en el motivo central de nuestra Oración, efectuando una repetición lenta y regular, produce una tranquilidad y una paz que se manifiesta en el plano sicológico –y aún más en el filosófico- como está demostrado en estudios recientes que nos indican que el ritmo verbal, en efecto, asociado a la simplificación y unificación del pensamiento, engendra a la vez una calma sedante del sistema nervioso y facilita una pacificación sicológica, que están entre sí íntimamente relacionadas.

Todo está así preparado para que un pensamiento central de grano, deidad y riqueza, absorba el espíritu y lo disponga a la más alta Contemplación, la cual se logra con mayor facilidad cuando el ritmo de la recitación se organiza en momentos propicios y en forma adecuada.

En nuestra fe este proceso se ve enriquecido al integrar los benditos Nombres de Jesús y de María en nuestras Oraciones, los cuales están llenos de todas las resonancias de que son susceptibles gracias al conocimiento que tenemos de su Poder y de su bondad, la cual nos lleva directamente a la importancia de la práctica del Rosario con el recuerdo sucesivo de sus diversas manifestaciones y Misterios enunciados aún cuando sea de una manera implícita en cada decena, los cuales están llenos y recuerdan a cada paso los Nombres dulcísimos de Jesús y de María, con todo su sentido y con todo el realismo que tienen para nosotros.

Así se concentra finalmente en el último Nombre de Jesús asociado por su Santísima Madre a nuestra humanidad. Todo lo que ha hecho de El, objeto único y total de nuestra fe, la Palabra Viviente de Dios que nos creó a su imagen y nos conserva en el ser que nos ha dado.

En último término aún, no me parece que estos Nombres, sobre todo el de Jesús deban de emerger de la frase en que están insertados, a tal grado que las demás palabras se pierdan como un río en el mar. Al mismo tiempo la meditación distinta precisa de cada Misterio, como no se borre del todo, debe tender normalmente a fundirse en una visión muy sencilla –a la vez que muy pura- de todo el Misterio de Cristo en nosotros en su plenitud indisociable.

Cuando hemos llegado aquí se puede decir que la Contemplación se desprende como el fruto maduro de una meditación que ya la contenía en germen, lo anterior mencionado por el Padre Louis Bouyer, quien fue el primer Pastor protestante convertido al Catolicismo y se Ordenó Sacerdote (en su libro “Introducción a la vía espiritual”), lo cual contradice tajantemente la idea de los racionalistas en cuanto al valor del Rosario.

De esto se desprende mi interés por hablar de la importancia del Rosario conociendo a profundidad las objeciones de sus detractores, me faculta el conocimiento que tengo de que no hay otro camino de salvación que el trazado por Dios mismo, quien eligió a María para que recibamos a Jesús.

Con ella se llevó a cabo la Redención y con ella se fundó la Iglesia, por tanto es evidente que Jesús nace y se desarrolla en mi corazón, como nació y creció en la Iglesia porque Dios en sus Obras sigue siendo un mismo camino y no anda con “tanteadas” como nosotros para buscar cual es el mejor.

Es necesario que María esté asociada a la Obra de la Salvación; si no está constantemente mezclada a la Oración del Sacerdote, del militante o del simple católico consciente, estoy convencido de que su vida y su acción sufrirán sus lamentables consecuencias. Conozco la objeción: “María puede estar presente de otras muchas maneras, no solo en el rosario”, en teoría esto es verdad, pero en la práctica esta es la experiencia que me ha enseñado.

Testimonio del Padre Moisés Lárraga:

“Al principio fui Rector y Profesor del Seminario. En la vida regular de un Seminario el Rosario encuentra fácilmente un lugar –por lo menos entonces-. Después fui Párroco de una Parroquia densamente poblada; en mis días desbordantes de trabajo no encontraba lugar para el Rosario. Ya en la cama lo empezaba a rezar y me dormía, después de una jornada abrumadora de trabajo, era natural que me durmiera.

Al final del año, haciendo mi balance espiritual durante mis ejercicios (espirituales), me di cuenta de que la Santísima Virgen estaba casi ausente de mis días, y por tanto de mi vida, esto me pareció desastrazo, y tomé la resolución de no acostarme –cualquiera que fuera la hora- sin haber terminado mi Rosario.

Siempre he creído que ésta inspiración del Señor ha sido una de las grandes Gracias de mi vida, de donde concluyo que prácticamente el Rosario es la manera de hacer presente en nuestra vida a la Santísima Virgen María.También se objeta la monotonía de esta Oración, lo cual ES FALSO.

Al término de las Ave Marías encontramos los grandes momentos evangélicos, que contemplamos con la mirada interior de María y en ellos insertamos todas las preocupaciones del Ministerio, o las penas y dificultades de la vida. Estas vicisitudes de la vida dan a las escenas del Evangelio un colorido diferente, una resonancia inmensamente variada, además es una Oración muy fácil y conviene a todos: a las almas sencillas y a las místicas; a la pobre Bernardita y al Padre de Foucauld, llena los tiempos que de otra manera quedarían vacíos como cuando caminamos en medio de la naturaleza, o en esas largas horas que pasamos al volante de un auto.

En Lourdes, cuando las apariciones, la Señora tenía el Rosario en el brazo. Bien sé que las revelaciones (privadas) no forman parte de la Revelación, pero las de Lourdes han pasado por la criba de la historia más rigurosa. Para mí son ciertas y es una Gracia creer en ellas, Gracia que supera con mucho todas las objeciones.

Creo en la importancia del Rosario, y deseo que todos los cristianos crean también y Oren mediante él concentrando toda su fe y toda su espiritualidad en la mención de los Nombres de Jesús y de María”.


Virgen de Lourdes (Divider5)

MARIA Y LA PALABRA DE DIOS:


En ninguna parte es más visible Dios que en la Virgen Santísima. En la visión de San Juan en Patmos aparece María como una mujer revestida del sol, es decir, revestida de Dios, de la hermosura de Dios. Es el resumen más amable de toda la realidad divina; es Dios que quiso hacerse más cercano, mas accesible a nosotros.

Temiendo que nos llenáramos de espanto ante El, Dios se nos apareció en su Madre Santísima; por ella vino a nosotros, por María que es pura belleza, toda bondad, solo ternura. Comprendemos que la infinita ternura del divino Padre –que no sabe sino amar- se haya introducido en el corazón de la Santísima Virgen María. Todo el esplendor del alma de María no es una revelación de Dios. Cuando nos esforzamos en formar esbozo intelectual de la Santísima Trinidad, por analogía a atribución la ternura del Padre, la hermosura al Hijo, la pureza al Espíritu Santo.

Desde este nuevo punto de vista la Santísima Virgen es un resumen, no solo de Dios UNO, sino también de Dios TRINO: es una ternura como Madre, toda hermosura como esposa, toda pureza como Virgen, ¿Qué importa que estas realidades superen nuestra inteligencia?

¡Qué gozo para nosotros no poder medir, balbucear apenas, cuando se trata de la hermosura sobrenatural de la Santísima Virgen María! El dominio por excelencia de la liberalidad de Dios -San Anselmo nos lo dice, y con él la Tradición Católica- nos en seña que es tal la hermosura sobrenatural de María, que no podemos pensar una mas grande, exceptuando la Divina.

El Señor agotó en nuestra Señora los tesoros de su ternura; si nos fuera dado contemplar el alma de María, con qué gozo ¡con qué solicitud divina se complació el Señor en modelar la Santidad de María! ¡Con qué satisfacción formó los rasgos sobrenaturales de esta Obra Maestra que lo habría de reproducir!, no se encontró antes nadie semejante a ella ni se podrá encontrar después.

En un poema magnífico la historia del mundo sobrenatural, tal como nos lo refiere la Sagrada Escritura desde el Génesis con el que comienza el tiempo, hasta el Apocalipsis que nos refiere de antemano los últimos días del mundo y nos dice cómo habrá de terminar en la Gloria de la eternidad, tal como es esa historia está llena de la Caridad de Dios, es realmente la narración fe los esfuerzos que hizo para que el hombre se uniera con él.

Comienza con la unión simbólica de Adán y Eva: “ésta es huesos de mis huesos” (este es un gran Sacramento), y se termina con otra unión “vi la Ciudad Santa” dice San Juan, la nueva Jerusalén vestida como una esposa adornada para su Esposo.

Entre estas 2 uniones en el centro de todos los tiempos se encuentra otra unión: la Encarnación del Verbo Divino, de la cual fue un símbolo la unión de Adán y Eva; la unión de la Iglesia con Dios como corolario de aquella unión, las dos están estrechamente relacionadas. Estudiémoslas brevemente para poder encontrar el lugar que Dios mismo asignó a María en el conjunto de su Obra, porque es muy conveniente que toda devoción se apoye en la doctrina.

La Encarnación es la unión, la alianza, el matrimonio Sagrado; es una sola Persona del Hijo de Dios con la naturaleza humana formada en el seno de María. El mundo creado y el mundo increado tuvieron su centro en la Persona del Verbo. Fue una alianza, no una conquista, una unión pacífica, no una toma por asalto. Comprobamos entonces cómo Dios trata a su creatura con respeto, con condescendencia incomparable quiso Dios que esta unión no fuese impuesta...


...sino libremente aceptada, para lo cual era necesario interrogar a la naturaleza humana. Pero ¿quién podría a nombre de toda la naturaleza humana recibir el mensaje de Dios y dar su consentimiento a esta unión? El Mensajero divino se dirigió a María, ella es la que representa y resume a todo el género humano. Es del todo cierto que María es la Madre de los vivientes, la verdadera Eva, la Madre de la Vida, la Majestad de Dios en la persona de su embajador.

Se inclinó ante la humilde Virgen y esperó atento a su respuesta, y con la Santísima Trinidad la humanidad entera, qué podemos suponer presente, llena de ansiedad le dirigía a nuestra Señora la ardiente súplica de la Liturgia: “¡recibe Virgen María la Palabra!”, al Verbo, que de parte del Señor te ofrece el Ángel.

En el curso de los siglos hubo una hora, un instante, un tiempo en que el mundo creado y el mundo increado reunidos en una preocupación común, estaban en ansiosa espera de la palabra que iba a salir de los labios de Nuestra Señora María.

Repito: representaba a todo el género humano, como dice Santo Tomás, en su lenguaje tan breve y tan pleno, “en nombre de toda la naturaleza humana, la Virgen debía dar su consentimiento. Debía de aceptar o reusar en nombre de todos, dependía que la suerte del hombre y la suerte de Dios dependía de la Santísima Virgen”.

Se me puede objetar que Dios la había prevenido con especiales Gracias para que aceptara, que había dispuesto todo en el corazón de nuestra Señora para que no rehusara, que estaba comprometido su Honor y el de su Mensajero, que la Gracia de la Concepción virginal de Jesús desvanecía todas las dudas y ansiedades de la Virgen.

Sí, todo esto es verdad. Pero nada impide que la noche del 25 de marzo la suerte del género humano, el fin de la Creación, el éxito de la Obra de Dios dependiera de la palabra que iba a salir del corazón y de los labios de esa Virgen de 14 años. Pocas consideraciones como esa tan a propósito, para darnos una idea exacta de la Santidad de nuestra Señora.

A lo menos cuanto podemos formarnos una idea de ella, si solamente se hubiera tratado de la Encarnación como un privilegio concedido a María, Dios quiso se hubiera servido de menos atenciones y miramientos. Pero la Encarnación no venía sola: incluía la Redención, la Eucaristía, la Iglesia, y todo el Misterio de la vida divina y humana del Verbo encarnado que venía a derramar su Sangre para lograr la unidad y la grandeza sobrenatural del mundo.

Por tanto la Encarnación no era sólo un honor y un privilegio, sino que traía consigo el sufrimiento, la humillación, el dolor para la Madre como para su Hijo, y Dios debía a su Santísima Madre que no hubiese ni la sombra de una sorpresa en lo que iba a aceptar, que tuviese conciencia de todo el fardo que traía consigo para ella y para su Hijo, su consentimiento una vez dado.

El hijo pertenece a la madre y este Hijo divino iba a dar toda su Sangre y su vida para salvar al mundo con su Cuerpo y su Sangren que iba a recibir de su Madre.

Debía crear la Eucaristía para alimentar a todos los hombres de todos los tiempos, y venia a injertar a toda la humanidad en esa vida que esperaba recibir de María, y ésta no era para El nada más que “un medio”, un instrumento que una vez utilizado iba a desechar, no era solamente un procedimiento momentáneo, no era solamente un procedimiento instantáneo, una manera de entrar en el mundo ¡NO!, María era un pensamiento de Dios, una intuición sobrenatural y divina.

Ser simplemente fiel a su Madre era usar con ella de esa cortesía divina con la que antes de encarnarse en María debía pedir su consentimiento a todo ese conjunto sobrenatural en la que ella tenía un lugar excepcional, y al que debía prestar una importante colaboración.

En el corto intervalo entre el mensaje del Ángel y la respuesta virginal, María abarca todo, mide y pesa todo, no por eso retardó su “¡Fiat, su Sí!”, lo pronunció y se realizó la unión, se concluyó la alianza, en el Santuario Virginal descansó el Hijo de Dios.

La Liturgia se sirve de una palabra especial para designar la Fiesta de la Encarnación: “Novitas Nativitas”. Es verdaderamente una estupenda novedad, es una Obra de Dios de un carácter inseparado e inaudito, no solo porque es un derroche de Caridad y de ternura; en lugar de una afirmación de Poder como fue el Antiguo Testamento, sino porque es en verdad una excepción, algo insólito e inseparado, un desplazamiento en la Creación, y aún en la Vida de Dios.

Una de las contemplaciones más dulces es la que nos muestra a todos los seres suspendidos de Dios y recibiendo todo de El; recibir todo de Dios, recibirlo conscientemente, recibirlo con nuestra corresponsabilidad y referirlo todo a Dios, y con ese eterno beneficio permanecer en contacto y adhesión a Dios, como el centro y vida de todo ser, de toda existencia, de toda hermosura, de todo amor.

Este es el orden ésta es la armonía, pero a esta regla la Encarnación del verbo es una excepción: aquí ya no es Dios el que da y la creatura la que recibe, sino la creatura es la que da a Dios y Dios es quien recibe y está en deuda con su creatura.

Que Dios me perdone: el “Fiat” de la creatura supera infinitamente el “Fiat” del Creador, porque de éste nació la Creación y de aquél el Creador.

En el inmenso designio de Dios María tiene una condición especial, un privilegio que solo a ella le pertenece. Dios consintió en conseguir de su Madre su vida humana, su cuerpo y su sangre, su existencia; el lugar que ocupa y ocupará eternamente en virtud de la Unión hipostática y en su propia creación.

De ninguna manera voy a dejar de reconocer que como Dios todo se lo ha dado a su Santísima Madre, que la formó con amor y desde la Inmaculada Concepción se complació en adornarla con todas las Gracias que la prepararon para la Maternidad y unidad divina, sin embargo es un honor de María.

Mientras que nosotros no podemos hacer más que recibir, ella da, da y da a Dios, mientras nosotros lo debemos todo a Dios. Dios es deudor de su Santísima Madre; tal es el papel de María en la gran Obra de Dios.


Maria Auxiliadora (Divider6)

LOS 12 REGALOS O PRIVILEGIOS DE LA VIRGEN MARIA:




SU INMACULADA CONCEPCION SU NACIMIENTO SU PRESENTACION EN EL TEMPLO
LA ANUNCIACION LA VISITACION LA NAVIDAD
LA PURIFICACION SU COMPASION (sufrir con) LA RESURRECCION DE JESUS
PENTECOSTES LA ASUNCION DE MARIA LA CORONACION DE MARIA COMO REYNA

1- Su Inmaculada Concepción.- No es principalmente la preservación del pecado original sino ante todo la Gracia sobreabundante que Dios puso en el alma de María. Desde el primer instante de su existencia es una Gracia tan grande que Dios mismo se extasía, viendo a su predilecta y le dice “Toda hermosa eres amada mía, no hay mancha en ti (Cant. 4,7)”.

Este privilegio nos debe mover a buscar con toda nuestra fuerza la pureza, no solo huyendo de lo que es malo, sino tendiendo hacia todo lo bueno, recto, hermoso y santo. Si así lo hacemos el Mal no podrá dañarnos pues nos resultará repugnante. El que respira una atmósfera pura no soporta el aire viciado. María Inmaculada es desde el primer instante LLENA DE GRACIA.

2- Su Nacimiento.- El nacimiento de María es la esperanza que vuelve a la humanidad. Es la aurora que anuncia al sol que ha de disipar toda noche, toda tiniebla. El nacimiento de María es un momento de alegría sin sombras porque María es toda Santa, toda Pura, toda divina; es la primera flor intacta que produce la humanidad. No hay en este día un solo motivo de pena, todo es dicha, alegría y esperanza, por eso la Iglesia canta “Con júbilo celebramos el nacimiento de María, para que interceda por nosotros a Jesús Señor nuestro”.

3- Su Presentación en el Templo.- María sabe desde pequeñita que es toda de Dios y para Dios. Apenas puede va a la Casa de Dios para servirlo como creatura consagrada por Dios para su amor y su servicio. Es la esclava del Señor, porque no hay cosa más esclavizante que el amor, precisamente porque nada hay más libre que el amor. Amamos a quienes queremos y nos entregamos a El. María que se sabe muy amada por Dios, más de lo que nos podemos imaginar o pensar, le devuelve amor por amor; se entrega a el totalmente y por eso sube pequeñita al Templo para ser ya para siempre la esclava del Señor.

4- La Anunciación.- Es un Misterio que se debe contemplar en un silencio de adoración y de amor. Es el privilegio increíble que una creatura pueda dar algo a su Dios haciéndole hombre. Claro está que esto no puede realizarse sino por obra del Espíritu Santo. Si María da a Dios es porque recibe mucho, muchísimo de El, es el mismo Espíritu el decide prepararla a ella y el Padre Celestial quien la cubre con su sombra y se realiza el prodigio: María es Madre de Dios.

Le da al Verbo su carne y su sangre para que el Verbo sea hombre y así el Verbo se hace su hijo ¿Cómo reacciona María ante el misterio increíble? ¡Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra! Humildad sin fondo y abandono sin límite ante el amor de Dios, “glorifica mi alma al Señor”; gratitud inmensa que estalla en cántico inseparado, en él vibra el mismo Espíritu Santo pues ¿Quién puede cantar al amor sino el mismo amor?

5- La Visitación.- María se va a visitar a su prima Isabel, y le lleva a Cristo escondido en su purísimo seno. Con frecuencia debemos pedir a María que nos visite, cuando estamos tristes, afligidos y enfermos. Cuando estamos caídos, y también cuando estamos alegres, sanos y optimistas digamos a María que nos visite y que por ella venga Jesús a nosotros. María es el primer Sagrario viviente que lleva a Cristo a donde quiera que ella va ¡Madre visítanos y llénanos de alegría con la presencia de Jesús!

6- La Navidad.- Es otro momento para contemplarlo en silencio de amor y adoración. Pero la contemplación de este Misterio es tan dulce, que nos hace llorar de ternura, porque vemos a Dios con nuestros ojos corporales ¡¡¡lo vemos hecho un Niñito!!! La primera mirada que recibió Jesús fue la de María, y lo primero que sus ojitos vieron fue a María; dos miradas que se fundan en una pena para hacer del amor divino un amor humano. ¡Ho María, enséñanos a amara a Dios aún humanamente y transforma todos nuestros amores humanos en divinos!

7- La Purificación.- Es el ofertorio de la Misa primera y eterna: lo ofrecen (al Niño) María y José al Padre, como víctima plenamente agradable ¡qué Gloria para el Padre, qué dolor para el Hijo y para sus padres! El dolor es la moneda con que se compra el gozo supremo de dar a Dios gloria. En este misterio hay perfume de incienso quemado; el fuego es amor-sacerdote que es el Espíritu Santo, y el incienso de olor gratísimo son los tres corazones, los de Jesús, María y José. Y nosotros para ser también incienso debemos dejar que el amor queme y abrace nuestros corazones, y la alegría perfecta de dar Gloria a Dios en las alturas.


8- Su compasión.- Compasión significa “sufrir con”, tener un mismo sufrimiento con otra persona. Esto se realiza cuando sufrimos con quien amamos, cuanto más le amamos más sufrimos con ella y esto es así ¿Quién podrá medir o sospechar la compasión de María? Porque Jesús es para María su hijo y su Dios. Es decir, toda su inmensa capacidad de amar en lo divino y en lo humano está concentrado en una sola persona: Jesús. ¡Ho, cómo debemos pedir a María que nos de algo de su compasión para poder sentir que de veras lo amamos!, y sufrir con María es sufrir con Jesús porque no hay mas que un solo dolor en esos dos Corazones, y nosotros debemos unirnos a Jesús y a María en la participación de este dolor.

9- La Resurrección.- Jesús sale de la tumba, y es el amor quien lo resucita y es el amor más grande de Jesús sobre la tierra: es María. Por eso la piedad cristiana –cree, sin vacilaciones- que Jesús al salir del sepulcro se aparece inmediatamente a María. María está sumergida en Oración, en esa inmensa soledad aunque llena de esperanza, y ¡llega Jesús!

No tratemos de imaginar lo que ocurrió entonces, o las palabras que Jesús y María se dijeron. Todo cuanto imaginemos queda muy inferior a la realidad de ese encuentro. Solo digamos que si Jesús sale de la tumba es ante todo por María y para María, y que María –en la terrible soledad de viernes y sábado santo- solo tiene una idea y una esperanza que la mantiene con vida sobre la tierra: Jesús, Jesús, Jesús. Madre, que nuestras soledades se iluminen con la esperanza de Cristo, hasta que lo contemplemos Resucitado.

10- Pentecostés.- María la Madre de Jesús está con los once (Apóstoles) y el pequeño grupo de los fieles de la primitiva Iglesia. Porque así como ella atrajo al mundo al Verbo, así ella debe de atraer al Espíritu Santo. Ora María y el Amor no puede resistir y se lanza sobre el mundo; primero llena el alma de María con esas nuevas plenitudes que solo un amor definitivo puede siempre realizar. Lo de este día será uno de los objetos de nuestra admiración y amor sin límites en el Cielo. Luego el Amor llena los once y a los fieles que Oran con María, y el amor inunda la Iglesia y comienza el incendio, comienza el fuego a llenar a toda la Tierra.

Oh María que seamos devotos por este incienso ¡ven a nuestras almas, has en ellas una Oración como en el Cenáculo y se realizará el prodigio soñado: la venida del Amor a nuestras almas porque cuando viene el Amor ya nada falta! Oh María que digamos todos: ¡Ven oh Espíritu de Dios, ven a reinar oh Espíritu de Dios, ven a reinar en nuestros corazones!

11- La Asunción.- Llegó el momento de partir; momento tan ansiado de María ¡Cuánto dolor, cuánta soledad, cuánta espera, pero cuánta Gloria para Dios, cuánta Gracia para nosotros sus hijos! Ahora María sube entre Ángeles, entre trompetas y fiestas; el Cielo se reúne todo para recibirla, y María ve la Tierra alejarse materialmente, lentamente, porque en espíritu, la lleva toda en su Corazón de Madre. Todo lo terreno ha terminado para ella pero su Misión en la Tierra no ha terminado, ni terminará hasta que el último de sus hijos haya entrado al Cielo.

Por eso María vendrá de cuando en cuando a la Tierra: al Tepeyac, a Sallette, a Lourdes, a Fátima. Ya hay más de 2800 apariciones de la Santísima Virgen en la Tierra; dicen que María vive más en la Tierra que en el Cielo. Oh Madre, que sea así ¡porque te necesitamos tanto! ¡Ven a vivir a nuestros hogares!, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos y consuela nuestras lágrimas; reanima nuestra fe y nuestra esperanza ¡pon amor en nuestros corazones oh clementísima, oh piadosísima, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.

12- La Coronación.- ¡Sin palabras, eres Reina, estás coronada! ¿Quién te ha coronado, Señora? ¡¡¡El Amor!!!


Virgen de Guadalupe (Divider7)

En nuestra constante lucha contra el Demonio contamos con un recurso inmejorable: el ayuno y la Oración, con cinco armas que nos da la Virgen María para nuestra protección y defensa ¡Has la prueba y verás que con estas armas vencerás!

a) La Palabra de Dios

b) La recepción de la Eucaristía diariamente

c) La Confesión mensual

d) El rezo del Santo Rosario con el corazón

e) El ayuno (por semana) y la Oración




REVISTETE CON ESTAS ARMADURAS Y VENCERAS A TU ENEMIGO EL DIABLO.



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María Reina del Cielo y de la Tierra, con Angeles (bannersec)




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